Fronteras Invisibles

Barrio San José, Villavicencio. Uno de esos lugares a los que te dicen que mejor no entres. Uno de esos lugares como las favelas en Brasil, o las zonas altas de los cerros orientales del sur de Bogotá, ó cualquier otro barrio en la ciudad que habites, porque en mayor o menor grado, la segregación y la discriminación la hemos creado alrededor de todo el mundo.


Lo miro y lo he mirado estos últimos 4 días desde un pequeño balcón del cuarto piso de un edificio de apartamentos en el que estoy hospedado por cuestiones de trabajo, en la cálida (en temperatura y calidez de su gente) ciudad de Villavicencio.

Lo miro _al barrio,_ y no puedo dejar de pensar en los cientos de personas (niños, mujeres, hombres, adultos mayores, abuelos) que habitan tras esas puertas y ventanas y que lo recorren, con sus historias y sueños.

No dudo que tal y como lo comentan es un lugar de muchas historias dolorosas, peligrosas, la mayoría de ellas hacia los extraños.

Pero sé, que son más las historias positivas que se dan. Historias de vida, de familia, de amistad, la mayoría de ellas entre los propios.

Y entonces me doy cuenta que posiblemente son las fronteras invisibles que hemos creado como sociedad con este y muchos barrios más lo que crea las verdaderas distancias. Lo que poco a poco y con una presión similar a la que convierte el carbón en diamante, en este caso convierte las relaciones humanas en verdaderos focos de discriminación, ira y odio entre unos y otros.

Odio sin sentido ni razón, odio en el desconocimiento, odio sin rostro ni identidad odio por odiar.

Odio que crea discriminación …
… discriminación del uno al otro…
… pero claro, como no, del otro al uno.

Odio que desencadena en violencia…
… violencia sin sentido ni razón, violencia sin rostro ni identidad, violencia por violentar.

El mayor problema es que esas fronteras invisibles no solo las tenemos entre barrios, comunidades, razas o géneros.

Las fronteras invisibles las tenemos entre unos y otros, fronteras nacidas en la ignorancia, en el desconocimiento. Fronteras surgidas de la paranoia generalizada que parece nos han inyectado en cada célula de nuestro cuerpo, y que la esparcimos con cada exhalación.


Fronteras que es necesario que erradiquemos de nuestras relaciones humanas,
las del uno al otro,
y las del otro al uno.
Siempre será un trabajo en doble vía, en múltiples vías, en millones de vías.
El otro no es tu enemigo, no pido que sea tu amigo, pero no lo vivas a la espera de que te haga daño, o con el ansia de hacerle daño, solo y tan solo, porque es diferente.
Erradica las fronteras invisibles de tu vida. Erradica la discriminación y la segregación.
Conéctate con los otros
Conéctate con la vida.

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