Recetario

Acordémonos siempre de, en algún momento, en cualquier descuido, en cualquier segundo que le podamos robar a lo urgente, a lo rutinario, de hacer esas pequeñas cosas que nos conectan con nosotros mismos.

Hace mucho tiempo no disfrutaba la compañía de aquella bella y voluptuosa italiana que mis amigos Miguel y Carolina me trajeron de Italia, bien estampada en un poco discreto delantal de cocina. Hoy, tras un largo, cansado y cadente día, regreso a casa con ganas de no encontrar rutina, con el ansioso deseo que algo sea diferente.
A pesar del cansancio, a pesar de no tener realmente hambre, tomé una decisión, sin pensarlo, sin siquiera dudarlo, simplemente actué, me vestí de cocinero y me puse a la tarea. El qué, era lo de menos, salir de la rutina, regalarme ese tiempo para no hacer lo siguiente en la lista, era lo demás.
Hora y media en la que poco hice. Cortar un par de cebollas (en julianas, creo), pelar unas cuantas papas más; sofreir la cebolla, darles vuelta; pelar otras papas; cortar las primeras (no se el nombre del corte); añadir las papas al sartén con la cebolla; salpimentar; 5 minutos; otra vuelta; salpimentar otro poco; otra vuelta a las papas; romper y batir los huevos; salarlos; otro poco de sal a las papas; algo de pimentón rojo; paciencia…………….mucha paciencia; una charla sobre cualquier cosa con la compañía de turno; probar las papas; una pizca mas de sal; tapar; destapar; calcular la cantidad de huevo; añadir dos más; retirar el sartén del fogón; revolver las papas con el huevo; humedecer el sartén con un chorro de aceite de oliva; dejarlo calentar; verter la mezcla de huevos, papas y cebolla; fuego lento; despegar los bordes; tapar; destapar; una vuelta por la cocina para que pase el tiempo; ansiedad…………mucha ansiedad; destapar; tapar; preparar un plato; otra vuelta; de nuevo destapar; despegar bordes; volver a tapar; mirar la hora; calcular un par de minutos; decidir; destapar; actuar; colocar el plato boca abajo (si es que un plato tiene boca) sobre el sartén; paseo hasta el lavaplatos; presión sobre el plato; giro rápido y seguro; retirar el sartén; deslizar la tortilla de nuevo al sartén; de nuevo al fogón; 5 minutos más; de nuevo al plato; de nuevo el giro; revisar; aún falta un poco; de nuevo al fuego; par minutos más; listo; retirar; emplatar (en términos sofisticados de alta cocina); y……………….a disfrutar.
Hoy, afortunadamente, resultó una exquisita y esponjosa tortilla de patatas.
Al final, la barriga llena y el corazón contento. Una buena receta, no sé para qué mejor; para el estómago o para el alma; para la tortilla de patatas, o para el bajón de ánimo que traía encima.
Para lo que sea, efectiva.

No lo olvides. Acuérdate siempre de, en algún momento, en cualquier descuido, en cualquier segundo que le puedas robar a lo urgente, a lo rutinario, de hacer esas pequeñas cosas que te conectan contigo mismo.

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