Noviolencia

            Cerca de 3 segundos distancian la muerte de un niño y otro, victimas de la violencia, el hambre, el abandono, la injusticia y la inequidad.  Millones de hombres y mujeres han muerto a causa de las innumerables guerras que el ser humano ha decidido emprender en contra de sus iguales.  Miles y miles de familias han sido desplazadas, deshumanizadas, desintegradas, como consecuencia de la pobreza y miseria que el desgaste económico, político y social, prosiguen a la destrucción de ciudades, pueblos y comunidades.  El desorden social, el odio y la intolerancia, alimentan nuevos focos de violencia, lucha y enfrentamiento.  El mundo, es hoy en día un sembradío de riesgo e inestabilidad.

            “Si quieres la paz prepara la guerra”,  dice el viejo proverbio, y al parecer, el ser humano muy aplicado a tal imperativo ha emprendido año tras año, siglo tras siglo, batallas y batallas que lo único que han dejado es lo mencionado en el párrafo anterior, que sin entrar en detalles morbosos y amarillistas, muestran las reales consecuencias de pretender convivirnos en medio de la guerra y la práctica de la violencia, como medio para resolver nuestras diferencias.  Y no se puede dejar de lado la otra gran realidad, y es que no solo estamos acabando con nuestros similares, sino que los altos niveles de insostenibilidad ambiental, nos hacen pensar que no podemos pensar en un mundo para las futuras generaciones.

Y tras todo esto, el mundo no da muestras de lograr la “tan anhelada paz” y el ser humano no encuentra la manera de construir ese mundo en el que los tan trajinados derechos humanos sean una realidad respetada por todos, sin importar estatus político, económico o militar, y disfrutados por todos, a pesar de su grupo étnico, estatus social, género o religión.

La guerra por donde se vea, no ha arrojado los resultados que tal proverbio enunciaba.  Sus resultados, más que devastadores, son la patética muestra de la poca cordura que caracteriza al ser humano.

Aparece entonces ante nuestros ojos, la noviolencia, esa forma de lucha que pretende combatir las innumerables manifestaciones de injusticia, violencia y terror que asolan a millones de seres humanos alrededor del mundo.  Ahora bien, ¿cuáles pueden ser sus ventajas y límites?

La verdad es que hablar de las ventajas y los límites de la noviolencia, pasa más por la identificación de lo que en términos de gestión de empresas se llama fortalezas y debilidades.  Es decir, lo que aquí importa no es identificar porque sí o porque no, la noviolencia se puede adoptar como la “nueva forma” de afrontar la realidad multidimensional que el mundo de hoy representa.  El ejercicio debe concentrarse en mantener la convicción de que «es», el camino por el cual logremos construir un verdadero mundo para todos, en el que los derechos fundamentales a: 1. vivir; 2. comer y no digamos ya alimentarse; 3. techo; 4. trabajo; 5. y porque no, educación; sean la realidad sobre la que cada ser humano pueda fundamentar su existencia y la búsqueda de su felicidad.

Así, las fortalezas se pueden entender como las características fundamentales que a través de los años y de las diferentes manifestaciones y actividades noviolentas que se han desarrollado, han dejado resultados positivos, tanto en términos de logros, como de identificación de estrategias, métodos y metodologías que han permitido el fortalecimiento de la noviolencia como cultura de paz y transformación de conflictos.

En este sentido y sin querer simplificar los diferentes movimientos, más sí resaltar alguna de sus virtudes, la masificación de la propuesta de Gandhi, que entre otras cosas le dio un verdadero poder al pueblo y lo hizo dueño de un ideal; la sistematización de las movilizaciones negras en estados unidos, que le dio un carácter de movimiento sólido, estructurado y estudiado; la constancia de los movimientos como las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, o las BIP (Brigadas Internacionales para la Paz) que han recuperado la memoria de las víctimas y han captado la atención de asociaciones como el SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia);  la fuerza integradora de los movimientos negros en Sudáfrica, que logró desestabilizar el sistema económico imperante; y el efecto contagioso en Chile en contra de la dictadura de Pinochet; entre otros tantos, son ejemplo de esas cualidades que deben ser tomadas como referentes para llevar al movimiento noviolento al logro de nuevas metas y victorias.

Por otro lado, las debilidades deben ser identificadas como aquellos aspectos del movimiento noviolento que a pesar de la eficacia de una estrategia particular, pueden y deben ser mejorados para la consolidación del movimiento y para asegurar su eficacia y eficiencia. 

Pensar los límites de la noviolencia en término de debilidades, permite pensar que a pesar de ser un movimiento que no tiene respuesta a todo, sigue siendo como respondería Gandhi ante la pregunta que en 1936 le hizo un conocido ministro afroamericano y su esposa, de si la no violencia era “una forma de acción directa”: “No es una forma, es la única forma… Es la mayor de todas y la fuerza más activista del mundo… Es una fuerza que es más positiva que la electricidad, y más poderosa incluso que el éter”.[1]

[1] Tomado de Mogol, 2000: «Una fuerza mas poderosa, un siglo de conflictos no violentos». En http://www.aforcemorepowerful.org/tv/pdfs/studyGuide.pdf

[1] Tomado de Mogol, 2000: «Una fuerza mas poderosa, un siglo de conflictos no violentos». En http://www.aforcemorepowerful.org/tv/pdfs/studyGuide.pdf

Así, pensar en debilidades, crea una actitud de mejora de algo que de hecho se da por descontado, debe ser.  La noviolencia, debe ser entendida hoy en día como la respuesta más viable y efectiva para dar solución a los problemas de injusticia e inequidad que mantienen sumido al mundo en una constante inestabilidad, y a sus habitantes en niveles masivos de vida que están por debajo de la lógica, la integridad, el respeto y el honor.

Para seguir adelante en esta identificación de fortalezas y debilidades de la noviolencia, es importante hablar de su transformación conceptual de no violencia a noviolencia.   Y es que esta distinción es importante en la medida que la primera habla de no responder a la violencia con violencia; es una mera actitud pasiva de no entrar en el mismo juego que el adversario.   La noviolencia por otro lado, quiere decir fuerza, justicia, rebeldía, energía, amor, etc. (López, 2004: 308). 

También es importante resaltar, que en un movimiento que se puede decir está en proceso de construcción, muchas de sus debilidades se relacionan directamente con sus fortalezas, es decir, aquello que lo puede y debe catapultar como un movimiento sólido y transformador, es lo que posiblemente lo ha estancado, limitado e impedido ser ya, el factor de cambio. 

Tal vez se podría decir que una de sus mayores fortalezas, es en sí el cambio conceptual.  Hablar de noviolencia permite identificar dentro de ella, y siguiendo a López (ibid), algunas posibilidades de interpretación. 

En esta identificación se puede ver de manera clara la amplitud del concepto; por un lado, como método de lucha y de intervención en conflictos, muestra la realidad de un movimiento que mas allá de querer presentar resistencia a una serie de injusticias, negándose al uso de la violencia, lo que pretende es convertirse en la nueva forma de lucha, que por medio de estrategias activas en las que no se ejerce violencia, se logran unos objetivos claros y definidos previamente y que están dentro de una macro estrategia que sustenta cada una de la actividades que se desarrollan.  Bajo esta perspectiva, se debe ser conciente que existe un frente de batalla, un enemigo u oponente, con otras particularidades a las que comúnmente estamos acostumbrados a identificar.

Hablábamos de debilidades asociadas a fortalezas; la falta de preparación, de estudios, de investigaciones, que permitan el crecimiento del movimiento es una de las grandes limitantes.  Y es que si tomamos como referente el conocimiento que existe en relación a la guerra, la capacitación académica que reciben sus generales y comandantes, la formación y adiestramiento de sus soldados, y los constantes avances tecnológicos que desarrollan para conseguir sus fines, es fácil deducir, que la noviolencia como método de lucha, es aún un bebé que se está gestando, que aún tiene las de perder, pero sobre todo, que debe adoptar para sí, toda esta estructuración y forma de planeación.

En este sentido, es necesario plantearse la necesidad de promover centros de formación en noviolencia, que abarquen, igual que en las fuerzas militares, todos los niveles de formación.  En últimas, no creo que sea muy desacertada la idea de traer del campo militar, algunos valores, estructuras y métodos, que no se puede discutir, resultan eficaces y eficientes.

Otra fortaleza de la noviolencia, está relacionada con el ser humano en sí mismo, con su capacidad de autoconocerse y así autocontrolarse.  Es indudable que este es el único camino que permite llevar a acabo las diferentes actividades que el movimiento noviolento plantea, y es en sí la base de todo el movimiento, como diría Gandhi «la búsqueda de la verdad».  El cambio al interior del ser humano es la base de todo cambio verdadero.

Y acá es nuevamente su fortaleza, su gran debilidad.  La desesperanza en la que el mundo está sumido, hace de este cambio, casi una utopía, o mejor una ilusión, y si de algo necesita el movimiento noviolento, es de la transformación paulatina y sistemática de los seres humanos, de tal manera que pensar en la posibilidad de adoptar las estrategias noviolentas desde los niveles mas elementales de las relaciones humanas (la familia, por ejemplo), sea una posibilidad, mas que deseable, posible. 

Y esta actitud de desesperanza trae otra que es igualmente fundamental para el movimiento, el compromiso.  Si bien en las fuerzas militares, la motivación pasa en gran medida por la obligación, la noviolencia se fortalece de la participación libre y de alguna manera espontánea, lo que requiere niveles de compromiso muy elevados y interiorizados de tal manera que le permitan a los participantes de las diversas actividades resistir de manera valiente, pero sobre todo pacífica. Ser agredido y no reaccionar violentamente, requiere de un gran esfuerzo y dominio de sí.

Otra de sus grandes fortalezas, es por decirlo de algún modo, la nobleza y rectitud de su actuar, que algo tiene que ver con lo que Martínez Guzmán (2001) desde su filosofía para hacer las paces plantea, al decir que somos responsables de lo que nos hacemos los unos a los otros.  Este actuar ético y de respeto de la vida, es el que le permite desacreditar públicamente el actuar de los violentos, mermar sus fuerzas y capacidad de retaliación e ir ganando espacios por medio del apoyo de la opinión pública, la cual es fundamental a la hora de afrontar retos y batallas de todo tipo, tanto las violentas como las noviolentas.

En esta misma línea, y parafraseando a López (2004: 309), la lucha noviolenta mas allá de ir en contra de la idea de poder, lo que hace es valorarlo en su esencia, de tal manera que sea una fuerza liberadora del ser humano, y que por medio de la imparcialidad en cada fase de la lucha, busque objetivos compatibles con la idea de poder y de bienestar de todos, y evite caer en contradicciones de los valores éticos y principios de la noviolencia.

Finalmente, si pensamos en la fase de lucha de la noviolencia, podríamos decir que los participantes ponen en riesgo su vida, que habrá muertos y heridos, que posiblemente no se logre el objetivo y esas vidas hayan caído en vano.  Pero, ¿éstas y mil razones más no están también presentes en todas y cada una de las guerras que se han librado a través de la historia?

Creo, que la lucha noviolenta, no pretende ser un milagro que traiga la paz al mundo.  Es una lucha y como tal, se está expuesto tanto al fracaso como a la victoria, pero la gran diferencia que le plantea a la lucha violenta, es que no tiene la intención de lograr sus objetivos pasando por encima del valor mas preciado que tiene el ser humano, la vida.

Es por todo esto que no veo límites en la noviolencia, sino debilidades que deben ser convertidas en fortalezas; y fortalezas que deben ser potenciadas.  Unas y otras, acompañadas de capacitación, nobleza y paciencia, lograrán dar respuesta a muchas de las tareas que le han sido encomendadas.

Ahora bien, dos aspectos considero que son fundamentales a la hora de dar conclusiones en relación a las ventajas y limites de la noviolencia, o como a manera personal lo quise plantear: fortalezas y debilidades.

            Por un lado, la necesidad de pensar el movimiento de manera más estricta, articulada y estudiada.   La historia de la guerra, de los ejércitos, de las tácticas de combate, de los avances técnicos y tecnológicos, nos muestra que la razón por la cual cualquier enfrentamiento violento hoy en día deja centeneras de miles de damnificados, es por el grado de desarrollo que esta ciencia hoy en día tiene.  La eficacia y efectividad de los ejércitos no es gratuita.  Existen academias, institutos y universidades alrededor de todo el mundo que trabajan en torno a este tema, y no sólo eso, sino que además existen interrelaciones entre estos centros, lo que hace que los avances sean cada vez más significativos.

           No se puede pensar en un movimiento de noviolencia que pretenda hacer frente a la fuerza de la violencia, si no es bajo una estructura que respetando los términos de antigüedad e historia, se estructure de la misma manera.  Los lazos entre los movimientos de cada rincón del mundo se deben estrechar día a día; deben fortalecerse los institutos y centros de investigación dedicados al estudio de la noviolencia como método activo de afrontar los conflictos; y se debe formar personas especializadas en la lucha noviolenta, verdaderos “militares” del movimiento noviolento, con capacidad de liderazgo, planeación y acción.

            El segundo aspecto con el que quiero concluir, es la educación.  Si bien, el primer aspecto se relaciona de manera directa con la fase de lucha noviolenta, la educación cumple un papel fundamental en la transformación de la sociedad civil.   En este sentido, la lucha noviolenta, debe abarcar no sólo los grupos humanos involucrados de manera directa en actividades de lucha, sino que debe permear todos los ámbitos de la vida cotidiana.   Retomando a Gandhi, mientras la concibamos como la búsqueda de la verdad, debe pasar por la búsqueda individual de la verdad, y cada individuo tiene el derecho de ser educado en este sentido.

            Hablo de derecho, en la medida que considero que es obligación de los sistemas educativos velar por la formación integral del ser humano.  Aquí, los valores de convivencia, respeto, tolerancia, compromiso, cooperación, entre otros, no sólo son  esenciales, sino forman parte de lo que la noviolencia necesita para ser una realidad. 

            Si bien es difícil pensar en impartir asignaturas de noviolencia (por lo menos en la realidad educativa actual), lo que si está en proceso de  construcción es la educación para la paz, la cual se puede concebir como:

 

la educación de las actitudes que han de hacer posible la implantación de una cultura de paz: el diálogo, la cooperación, el respeto hacía uno mismo y hacia los demás, la adhesión a los derechos humanos como derechos inherentes a la persona, comprensión de la complejidad, el rechazo de la violencia y la valoración de los aportes personales a la construcción del futuro, entre otros (Castillo y otros, 2004: 41).

            Bajo esta mirada, educación para la paz y noviolencia, no solo se articulan, sino se complementan, se fundamentan y encuentran sustento la una en la otra.  En última instancia se podría pensar en la noviolencia como “el brazo armado” de la cultura de paz, y a ésta como el fin y razón de ser de la noviolencia.

            Un último aspecto al que quiero hacer referencia, es que la mayor limitante que tiene la noviolencia, es la conveniencia económica de la violencia.   En este sentido, está muy bien pensar en la noviolencia como forma creativa de afrontar los conflictos y las diferencias, pero no se puede perder de vista una realidad que de lo cruda, repugna.  Vivimos en un mundo en la que la inmensa mayoría de los conflictos violentos son fomentados de manera intencional, por no decir creados, por los grupos de poder que no sólo tienen en el negocio de la guerra intereses millonarios, sino que las consecuencias devastadoras de la misma, representa posibilidades de inversión y crecimiento económico particular.

            Y no es gratuito que dejara este comentario para el final.  Esta, es una verdad a la que en realidad no logro encontrar respuesta.  Creo en la noviolencia, tanto como lucha activa por los derechos fundamentales de la sociedad, como estilo de vida que nos permita respetarnos, reconocernos y participarnos de manera cooperativa y amistosa. Pero ésta, es una realidad que me sobrepasa.  ¿Cómo acabar con unas guerras que tantos poderosos no quieren acabar?

Alejandro Rincón Rodríguez, 2004